“Tú que iluminas el universo, Ilumíname también a mí
Y quita la venda de mis ojos, Para que yo vea el sol verdadero:
Está aun cubierto con un velo, Sin embargo en un mar de luz dorada
Y luego, terminado el viaje, permíteme llegar al lugar sagrado.
Trasluce mi alma. Ahora concédeme verlo
En la imagen de la claridad Y de la verdad pura,
Deja que reconozca en su luz cuáles son mis deberes,
Y tú, consuelo del universo, bríndame la fuerza
Para alcanzarlo en realidad y tú, oh amor divino,
Acógeme en tus designios y mantén puro el eterno rayo de mi fiel voluntad...”
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